De cómo una ley me llegó a emocionar

Hace unas horas el Parlament de Catalunya ha aprobado la ‘Ley de derechos de las personas gais, lesbianas, bisexuales y transexuales y para la erradicación de la homofobia, la lesbofobia y la transfobia’. Y aquí ando yo dándole vueltas al tema, leyéndome la propuesta de la ley y la transcripción del pleno. Ya no es que nunca pensara en tener este nivel de interés. Es que jamás imaginé que me emocionaría hasta las lágrimas ante algo así.

Confieso que he empezado más por curiosidad morbosa que por otro motivo. Al leer la noticia en los medios me ha llamado la atención que ciertos parlamentarios de Unió votaran en contra de determinadas partes de la ley. En especial la que invierte la carga de la prueba y hace que, simplificando, el acusado tenga que demostrar su inocencia. Me ha resulta extraño que, incluso en estos días, se haga una fiesta de la democracia a expensas de recortar en derechos como el de la presunción de inocencia, por ejemplo. Luego, siguiendo con el tema morbo, me ha intrigado saber cuál ha sido el argumentario del PPC para justificar su voto en contra a la totalidad de la ley. Se conoce que hoy tenía el día travieso y la moral alta. Como aperitivo de hace unos días, la salida de tono de Duran i Lleida lamentando no haberse unido a la enmienda a la totalidad de ley y tachando de “chiringuitos” a las asociaciones que la han impulsado. El rollo de siempre del lobby gay, vamos.

La ley en sí no tiene nada del otro mundo, en tanto que seas una persona sensata y con sentido común. La propuesta que se ha discutido es ésta, aunque seguramente sea más cómodo leer la versión definitiva. Por lo que veo, la novedad es que incluye sanciones administrativas. Es decir, va más allá de la bonita declaración de intenciones y te mete un palo, aunque sea en la cuenta corriente.

Esto de las sanciones es uno de los puntos conflictivos de la ley. Bueno, qué coño, de las excusas baratas que han puesto los partidos conservadores para tumbar la ley. Tanto Unió como el PPC sostienen que ya hay otras leyes que se pueden encargar de esto y que pa qué. Duran apuntó lo mismo el otro día, en el sentido de que lo que hay que hacer es promover una ley integral. Lo cual sería muy hermoso y coherente si no fuera porque dicha ley integral estaba ya en el horno, con el aval del Consejo de Estado, en la época de Zapatero y no se acabó aprobando porque se acabó la legislación. Y chin pon.

Luego está el tema de que las sanciones que prevé la ley se limitan a lo civil, sin interferir en lo penal. Lo mismo aplica al tema de la presunción de inocencia. De hecho el PPC llevó la ley al Consejo de Garantías Estatutarias en plan el chivato de la clase y la resolución fue que la propuesta estaba enteramente dentro de la legalidad y lo que vendría a ser la Constitución. Que para ser algo hecho en Catalunya tiene mérito, últimamente. Así que cuando hoy la ilustre señora Dolors López, del PPC, sacaba pecho diciendo que habían sido los únicos que se habían atrevido a oponer numantina resistencia a este desatino de ley estaba hablando por hablar. Diciendo chorradas ignorando la realidad y refiriéndose a temas zanjados como si fueran llagas sangrantes.

El otro tema calentito era el de la educación. Por más que releo las intervenciones de la representante del PPC y la de Unió, Maria Mercè Jou, no entiendo por qué han votado no. La situación me ha recordado un poco a esta campaña de publicidad. Que haya catedráticos que puedan soltar mierda por la boca en sus clases es hasta discutible, si me apuras. Pero que haya niños y adolescentes pensando en el suicidio por sentirse acosados en la clase es un problema que no admite excusa ninguna. Sin olvidar que precisamente el mejor modo de mitigar la discriminación y la violencia en el futuro es la educación.

Haciendo gala de esa coherencia que caracteriza a los políticos que nos rodean, el mensaje del no iba en la línea de que era prácticamente una grosería fomentar la discriminación positiva y el intervencionismo del Estado. El liberalismo de cilicio es lo que tiene, que laissez faire hasta el momento de rescatar un banco o de dejar decidir a la Iglesia el contenido de las asignaturas. De todos modos, no por catetos este tipo de argumentos me enciende menos. Se puede llegar a infravalorar el predicamento que el PPC tiene en Catalunya. Pero es que Unió es la U de CiU. La del President.

Afortunadamente, el resto de intervenciones han sido muy positivas. Ha habido algún momento en que la rabia volvía a prender, como cuando Inés Arrimadas de Ciutadans (¡Ciutadans!) ha metido el dedo en la llaga de la tontería del PP, recordando que en Andalucía han votado a favor de una ley parecida a ésta.

Personalmente, creo que el más inspirado ha sido David Fernández, de la CUP. Ha empezado con una leve referencia a Stonewall y ha señalado algo que me ya me llevaba un rato rondando por la cabeza: que en un momento en que el panorama político parece tan estúpido y egocéntrico de repente hechos como los de hoy te hacen ver que la política existe, que escucha a la sociedad y que trabaja con el tejido asociativo para sacar adelante leyes como ésta.

(La transcripción provisional del pleno está aquí. La mayoría es en catalán, pero hay algún parlamentario que ha usado el castellano. Ya ves.)

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