Eurovision 2017: ganó quien tuvo que ganar

La victoria de Portugal en Eurovisión y las sentidas palabras del cantante luso en su momento de gloria han desencadenado la previsible corriente de memes. No de los graciosos, que esos se los llevó todos el gallo de Manel Navarro, sino de los serios, los de los lugares comunes. “Ha ganado el sentimiento”, “ha ganado la música”, “yo no veo Eurovision PERO”.

Es curioso, porque este año ha sido la primera vez que he seguido el festival con pasión de eurofan. Precisamente porque, en el pasado, me ha sacudido alguna canción que no cuadraba con mis prejuicios este año he empezado a explorar qué hay detrás de todos los tópicos que envuelven Eurovisión. Por cierto, podéis seguir el experimento en un programa de radio semanal, ‘A Million Voices’, en el que amigos muy curtidos comparten su conocimiento y su punto de vista con todos los que queramos escuchar.

Desde mi humilde condición de novato lo que veo es que hay un hecho incontestable: la canción de Portugal era bonita y es justa ganadora. Lo demás, merde, en palabras inmortales de nuestra reina (Doña Letizia, no Ruth Lorenzo).

Me fascina, por ejemplo, todo lo que redunde en la Verdad (nótese la mayúscula) y la falta de artificio de la propuesta portuguesa. ¿Música desnuda, directa desde el alma del artista? Ah, vale, veamos:

Escogiendo el vocalista perfecto.

Luísa Sobral es la autora de la preciosa ‘Amar pelos dois’. Como toda Europa y parte del extranjero pudo apreciar al cierre del festival, la chica es perfectamente capaz de cantar su propio tema. Y lo canta bonito. ¿Fue ella la que compartió ante el público el trozo de alma que se sacó de lo más hondo del corazón y representa toda su sensibilidad de ser humano y Artista? Pues mira, no. Primera decisión estratégica: que cante mi hermano.

Encarnando el vocalista perfecto.

Desde antes de empezar a cantar Salvador Sobral llevaba el cartel de ‘FRÁGIL’ bien visible. Sacarlo de su cuna portuguesa parecía peligroso, no fuera a ser que se nos rompiera. Operado de una hernia, delicado del corazón… se antojaba una alma romántica demasiado delicada para este mundo cruel. El efecto dramático de que su hermana ensayara en su lugar es fenomenal.

Cuando por fin apareció (¡ay!) su imagen no defraudó: pálido, delgaducho, desaliñado… El hecho de elegir prendas varias tallas más grandes acentuaba su fragilidad al tiempo que, mira tú, conectaba con las tendencias de moda del momento, como bien me explicó mi amigo Oscar, el experto en imagen de ‘A Million Voices’.

Al final son todo etiquetas para vender tu concepto. Italia era el carismático amlético, Bulgaria el niño, Bélgica la seria… Del mismo modo que Israel o Suecia necesitaban un buenorro hiperproteico, Portugal necesitaba una dama de las camelias.

La puesta en escena. Tan estudiada como cualquier otra.

Salvador cantó desde “la peseta” que había en mitad del público. Hubo varias baladas con solista aquella noche pero, de nuevo, decisión estudiada: vamos a salir de donde todo el mundo canta y vamos a ponernos ahí, en aquel otro escenario. Lo de pedir al público que encendiera su móvil me parece una genialidad de hacer pasar por sencillez y espontaneidad un recurso estratégico más.

Insisto: perfecto que ganara. Canción maravillosa. Entiendo que mi amigo Sergio, que también me cuenta cosas en ‘A Million Voices’, estuviera encantado con la canción. Dice Sergio que ‘Amar pelos dois’ trasciende lo excéntrico de su vocalista y creo que tiene razón.

Lo jodido viene cuando empezamos a repartir carnés de lo que es música y lo que no. Por parte de los Sobral me parece hasta cínico, cuanto menos desagradecido, decir que los fuegos artificiales no son música. Por parte de todos aquellos que se apuntan al carro me parece condescendiente. Muy en la linea de la superioridad moral que construimos en las redes sociales. Si es que Gabbani tenía razón, hostias.

La ironía es que, como digo, la estrategia de Portugal para ganar Eurovisión me parece evidente. Quizás es mi legado de años y años de ‘Gran Hermano’ a mis espaldas, pero me encuentro de nuevo ante esa negación de la estrategia en lo que no deja de ser un concurso. De luz y de color, de amor y concordia, pero una competición. En serio, me parece fantástico que apoyemos al más listo, no al más cuqui.

Yo creo que Salvador Sobral ganó porque consiguió la mezcla más sólida de canción y puesta en escena, de alma y de artificio, de Verdad y de Mentira.

Luego está la teoría de mi amiga Nuria (exacto, también del equipo del programa), que sostiene que este brote de empatía con la propuesta lusa es complementaria, por ejemplo, al fervor global con ‘La La Land’. Una vuelta a lo puro en estos tiempos de depresión y desconfianza. Una reivindicación de lo sencillo casi histérica en su insistencia y maniqueísmo.

Aferrarse a la victoria de Portugal y reivindicarla a todo trapo, cuando no hay ninguna necesidad ni ningún ataque por parte de nadie, viene a ser un poco esto. Estamos a las puertas de la Tercera Guerra Mundial pero, ¡eh!, LA MÚSICA. Sesenta años de Eurovisión pero, ¡eh!, Salvador Sobral.

Abril, Sobral. Que si no lo digo reviento.

 

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1 Comment

  1. Muy de acuerdo con todo, incluyendo lo merecido del premio. El nivel medio del festival bajó bastante respecto a los tres años anteriores, desde mi punto de vista, lo que también ayudó a los lusos… Pero también es verdad que la victoria portuguesa fue una gran sorpresa hasta en Portugal. Es la primera vez que recuerdo un ganador con una propuesta artísticamente tan arriesgada, de un país sin cercanía cultural ni geográfica con otros (los famosos “politiqueos”), y encima cantando en su lengua, una de las más ininteligibles para la audiencia. Así que no creo que existiera una verdadera estrategia para ganar, sino una situación nueva o un cambio en el mercado. Además del trofeo, creo que se llevó también el premio “No me lo creo ni yo” jajaja

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